Consultando un poco de historia, Ortiz (2013) en su artículo Modelos Pedagógicos y Teorías del Aprendizaje, nos hace recordar que gran parte de siglo XIX fue dominado por el  conductismo,  pues  se  creía  que  el  conocimiento  era  adquirido  ante  un determinado estimulo, igual que ocurría con los animales.  Ejemplo clásico de ello, el experimento de los perros  de  Pávlov,  consistía  en  que los  perros asociaban el sonido de una campana con la hora de comer,  tanto así,  que sin la presencia de la comida los perros  empezaban ensalivar creyendo que era el momento de alimentarse.

De acuerdo con lo anterior, la política educativa tomo como bases teóricas los estudios de Pávlov y Skinner, para transformarlas y aplicarlas a los ambientes escolares. Según Lara (2017), el docente conductista: “sólo se limita a enseñar y espera que el alumno aprenda de él, pero no está dispuesto a también obtener aprendizajes de los alumnos, pues erróneamente cree saberlo todo.” (La relación entre el docente y el estudiante, p.22). es decir, con este modelo conductista en las aulas de clase solo se transmite conocimiento y como una maquina computacional los aprendices guardan información de forma memorística, no tienen opción de discernir la información, ni colocan en discusión el contenido impartido por el maestro así este errado, además, los pensamientos y procesos deben ser iguales a los aprendidos, la educación de aquella época estaba prácticamente sacando fotocopias humanas de aprendizaje para entregar a la sociedad.

Al respecto, ese tipo de pedagogía tradicional no era muy bien aceptada por algunos investigadores, de acuerdo con Gonzales (2016): “desde la aparición del cognitivismo, humanismo y constructivismo estos logran ver al ser humano como ente multidimensional dando importancia a su parte genética, psicológica, biológica, social, cultura, etc.” (El modelo humanista–constructivista en la educación, p.65), en otras palabras, gracias a esta evolución, la educación se ha transformado en la base de la naturaleza humana, a saber, se aprende constantemente en la vida social, la conversación, la interacción; en este sentido, infatigablemente se construye el conocimiento y se aprende del entorno.

De esa manera, la historia nos ha demostrado que es momento de reflexionar, los padres, los maestros y la sociedad, tienen un compromiso ético para los jóvenes, compromiso en que aprendan a tener autonomía, pensamiento crítico, hacer lo que sabe en el momento adecuado, aplicar sus conocimientos en otros campos como lo laboral o lo académico, y lo más importante ver a sus semejantes como a ellos mismos y su entorno como parte de su familia. “cada lección que se da en el aula, por abstracto o pragmático que sea su contenido real, es una lección de libertad” (Steiner, 2007. Lecciones de los maestros, p.102).

Por consiguiente, la función del maestro es enterrar esas bases teóricas que no permiten despertar el interés de sus estudiantes y trascender a una educación más humanista, es decir, estar dispuesto al cambio y el aprendizaje mutuo, y para lograrlo, los docentes deben conocer a sus estudiantes, cuáles son sus intereses, sus miedos, sus pasiones, sus sueños, sus proyectos, sus gustos, así, como lo describe Steiner (ob. cit.): “la vocación de enseñar. No hay oficio más privilegiado. Despertar en otros seres humanos poderes, sueños que están más allá de los nuestros”. (p. 173), en concordancia, el objetivo principal de la educación es darle a la sociedad un ser humano responsable, altruista, con conocimiento, critico, y lo más importante un ser humano feliz. “La felicidad es un deber. O: La ley más hermosa de nuestra especie es que lo que no se admira se olvida.” (Steiner, p. 105).

Ahora bien, el mismo autor nos aconseja que “La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente, un pecado” (p. 26), es decir, los docentes como máximos responsables de la educación, no deben caer en ese juego egocéntrico de la mala enseñanza, porque son los transformadores de la sociedad, los que hacen florecer lo humanista en esos niños, jóvenes y adultos que pasan por sus vidas y sus enseñanzas, captando a través de los ejemplos y las metodologías lo mejor del maestro. Para concluir, piensen en ese estudiante y despiértenlo como lo recomienda Steiner (ob. cit.): “Si lo despertamos, ese niño exasperante de la última fila tal vez escriba versos, tal vez conjeture el teorema que mantendrá ocupado a los siglos. Una sociedad como la del beneficio desenfrenado, que no honra a sus maestros es una sociedad fallida.” (p.173).

Escrito por: Jimmy Alfredo Suárez Laguado. Docente en Matemáticas

Fuente: https://finef.com.co/como-aprendemos-es-como-ensenamos/

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